lunes, 25 de enero de 2010

De casa al colegio y del colegio a casa

Casi, casi sobre la vocina, a la carga de nuevo en la que será la penúltima entrada de este primer cuatrimestre (esta noche vendrá la última). En todos estos meses he intentado presentar a la desadaptación, tanto desde un enfoque general como a ejemplos particulares de la misma, en diferentes situaciones y que llegaron a mi por las más diversas vías (desde una tarde de videos chorras en youtube, pasando por clase, hasta en las noticias de Cuatro).

Pero aún queda un poco de munición. Y es que hablar del continuo conflicto entre familia y escuela parece hacer referencia a una guerra en la que se atiende a todo, excepto al conflicto. Y tras esta intro, llega Almudena con un artículo del diario El País, firmado por Cristina Castro el 22 de septiembre del pasado año y titulado "La familia pesa más que el colegio en el éxito escolar", en el que se hace un resumen del informe de la obra social de Caixa Catalunya "Ideas innovadoras para nuevas realidades".

Total que según este informe hay tres factores clave en la herencia del nivel educativo: la escolarización temprana, la transmisión de valores y la posesión de recursos culturales y educativos en casa. Y es aquí donde al informe le veo un problema de fondo, de planteamiento inicial. De estas tres variables, dos (la primera y la tercera) no están tan relacionadas tanto con el nivel educativo de los padres como, y aquí esta la clave de la cuestión, con el nivel económico de los progenitores. ¿Cómo? Bueno, sobra decir que la causa principal de que se lleve o no a un niño a una guardería es principalmente tener dinero o no para pagarla. Podríamos discutir acerca del convencimiento de los padres en que aparte de que por que se lo pueden permitir estan concienciados en que es lo mejor para sus hijos, e incluso podría aceptar tras una buena argumentación de que es así, pero, indudablemente, el tener recursos educativos y culturales en casa no puede indicar otra cosa que nivel económico. Tener cosas es sinónimo de comprar cosas, y bien es cierto que si un padre no sabe que tipo de libro es mejor para un niño no lo puede comprar, pero hay elementos culturales universales que cualquier persona conoce y entramos en otro tipo de saberes que no influyen en los análisis de fracaso escolar o nivel educativo, pero si en lo que finalmente será el nivel cultural de la persona.

En cualquier casa hay lápices de colores, folios, mesas, libros y cómo no, un sin fin de material audiovisual increible. Y es en este sentido donde quiero hacer hincapié, en el nivel educativo, en el fracaso escolar, y en las variables que se dejan fuera a la hora de emprender un estudio que diga que los chavales de ahora son mas tontos o mas listos, y que si sus padres fueran medicos todos irian a la Universidad (que es su obligación porque todo el mundo tiene que tener un título firmado por el rector de turno).

Para comenzar, hablemos de fracaso escolar incluyendo al periodo postobligatorio. Si una chica con 16 años no termina los estudios básicos, pero tres meses más tarde entra en un ciclo formativo de grado medio en informática, obtiene tras dos años un 7 de media, supera un examen de acceso a una prueba de nivel superior, pasa otros dos años formandose en un ciclo superior de la rama de instalación de redes informáticas, lo termina con buena nota, crea su propia empresa y tras dos años ahorrando, decide que quiere hacer una ingeniería de cinco años en Electrónica (que probablemente terminará en 7 u 8, como casi todo hijo de vecino), señores y señoras, esa chica será una fracasada escolar, al menos para estas personas que interpretan estos informes. Y solo porque la chavala odiara la lengua y la literatura de primero de Bachiller o el francés que arrastraba desde 4º de la ESO.

Porque eso es otra, si todo el mundo tiene tan claro, tanto profesionales como no profesionales, que la mejor salida es la diversificación curricular desde edades más tempranas, que posibilite a los alumnos escoger una vía atractiva y motivante alejada de asignaturas que le desinteresen (precisamente ese es el gran acierto de la formación profesional), por qué solo se lleva a cabo en los planes de estudios sobre el papel. Porque las únicas asignaturas "optativas" que yo podía elegir en tercero de ESO era francés o cultura clásica...

Pero siempre se obvia un elemento crucial en la educación de las nuevas generaciones. No podemos pasar por alto que mientras que en nuestra generación veíamos nacer a Sonic, Supermario, Goku, los cibers o los compact disc, las nuevas generaciones han visto como crecen y tienen nietos como Ben 10, Pokemon, la Wii, la televisión TDT, el BlueRay o youtube. Ahora en cada casa hay como mínimo un ordenador, una televisión por cada habitación y seguro que una media de dos videoconsolas. Estamos en la era de la tecnología, una era audiovisual en la que hasta los propios libros se leen por el ciberespacio. La forma en la que los niños adquieren el conocimiento ha cambiado, les son atractivas otras nuevas formas de almacenamiento y procesamiento de esta información. No quiero decir que no se lean novelas o comics sino que nuevas formas de transmisión surgen día a día.

Este tema ya se abordó en otra asignatura hace un año, y no ha aparecido aún una persona que me haga cambiar de opinión al respecto. ¿No puede ser que el fracaso escolar no sea más que un fracaso en las metodologías de enseñanza? Porque si en 20 años hemos pasado de jugar en nuestra Sega Mastersystem al Sonic en 2D, a hacer que un japonés muerda el polvo online con un volante inalámbrico en Super Mario Kart de Wii, ¿por qué se sigue enseñando practicamente como hace 20 años? Cierto es que en la actualidad se está dando un cambio poco a poco en este sentido pero, es que en los lugares en los que las metodologías avanzan con los tiempos no se mide el nivel educativo en consecuencia a ellas. No se tiene en cuenta factores como de los que hemos hablado anteriormente a la hora de medir el nivel educativo.

En definitiva hay que buscar un punto intermedio entre la familia y la escuela. Si se señala a una responsable directa sobre la otra, se corre el riesgo de obviar la importancia de cualquiera de las dos. Es necesario crear puentes de conexión entre familia y escuela para concienciar a profesores y padres de que la educación de los hijos es una cuestion de la sociedad en la que todos estamos implicados, pero fundamentalmente, borrar la idea de que todos tenemos que ser Licenciados (o dentro de poco postgraduados). El fracaso escolar en un ambiente educativo en el que ya está empezando a verse con hechos el paradigma de la Educación Permanente, no puede ser medido a los 16 años y si se hace, no puede estar centrado en los alumnos de ese sistema, sino en el propio sistema.

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