martes, 8 de junio de 2010

Los excluidos de los excluidos

Miguel duerme en la calle Juan XXIII,
por la tarde lo verás tocando en la principal.
Su guitarra, siempre fiel, duerme junto a él.
Lo que saca, pa' comer y pa' beber.

Canta un corazón que está cansado de vivir
siempre fuera de control.
Busca una ilusión que le vuelva hacer reír.
Sólo tiene una canción...

Si hace frío abrígate con cartones
y la piel ya arrugada
sabe que es el precio de nacer
tan lejos del dinero, tan lejos del poder...
Ayer Miguel se fue.
A su entierro no fue ningún rey,
nadie lloró por él.
Su guitarra se calló, pero su voz,
aún la puedo oír por la Calle Mayor.
Miguel - La fuga (Calles de papel, 2003)


Aún recapacitando si hacer o no la entrada sobre los Objetivos del Desarrollo del Milenio, ahora que el tema está fresco, vamos a hablar de la presentación que Sofía, Nazareth, Irene y Clara han hecho en clase sobre personas sin hogar, comenzando con una lluvia de ideas sobre el colectivo. Un perfil heterogéneo, no son solo personas sin vivienda, desempleados, alcohólicos y falta de satisfacción de necesidades fueron básicamente las ideas previas sobre las personas sin hogar que la clase tenía.

Cuando hablamso de personas sin hogar nos referimos a un perfil muy concreto de la población pero con una gran heterogeneidad entre ellos, y es que los factores de riesgo para caer en esta situación varían desde un problema grave de salud o familiar que conlleve la pérdida del trabajo, falta de una red de relaciones sociales de apoyo que conlleve a una situación de soledad o problemas de adicciones, e incluso una combinación de varios de estos factores. Pero dibujando el perfil más generalizado de este colectivo nos encontramos ante varones (el 83% de las personas sin hogar son hombres), españoles, desempleados (un 76% no tienen empleo y un 12% son inactivos), solteros de entre 36 y 55 años que vive en la calle, que no puede recibir una prestación económica y que suelen presentar problemas de salud.

Para esta explicación de los factores de riesgo emplearon un recurso innovador, que ningún grupo ha llevado a la práctica, al menos, en directo y es que mediante una representación teatral llena de simbolismo que, desde mi punto de vista, agradeció la explicación final de Nazareth por que yo, al menos, no comprendí mucha de la simbología. Muy original y creativo, pero algo abstracto que requería de esa explicación.

Su exposición continuaba con una gran cantidad de asociaciones y recursos para este colectivo, asociaciones como Solidarios o Cristo Vive, o equipamientos como el Comedor social San Vicente de Paul, El albergue municipal Paráfán de Rivera o el Centro Amigo de Cáritas, todos en Sevilla, en los que en un gran número estaba presente la figura del Educador Social, por lo que les permitió configurar un perfil con las funciones que le corresponden en este ámbito:
  • Dar la bienvenida y enseñar las normas del centro correspondiente.
  • Requisar y administrar los objetos personales de los usuarios.
  • Valoración de la problemática de la persona.
  • Tratamiento y seguimiento individualizado.
  • Seguimiento en los pisos tutelados.
  • Coordinación de actividades grupales.
  • Mediar entre los profesionales y los usuarios.
  • Acompañamiento en gestiones de la vida cotidiana.
  • Coordinación con el equipo interdisciplinar.
  • Apoyo a la inserción sociolaboral.
Tras todo esto, me quedo con la idea, con la frase que Irene comentó: "Las personas sin hogar son los excluidos de los excluidos. Menos que ellos no hay nada". Y es cierto. Las atenciones que reciben son asistencialistas e individualizadas que se centran en la situación laboral y, aunque se trabajen otros aspectos como las habilidades sociales, no son suficientes para conseguir que salgan de su situación y creo que se debe a que cualquier factor puede desencadenar una serie de sucesos que pueden llevarnos a esa situación. Una enfermedad grave, un despido repentino, una separación, unido a otros factores puede hacer a una persona cambiar su vida completamente.

Y es que la calle es una jungla como buena cuenta de ello nos mostraba Samanta Villar en su, no carente de polémica, programa "21 días entre cartones" donde se aventuraba a vivir en su propia piel, la experiencia de un sin hogar durante 21 días, eso sí, con un cámara y sabiendo que al que hace 22 le esperaba su cama, sus amigos, su familia... Aunque, al menos, da voz a las personas que se encuentran en esta situación:

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