jueves, 3 de junio de 2010

¡Al cole!

Bueno, tras este parón, continuamos y entramos en la fase final de este camino que empezó en octubre, y esta vez, vamos a hacer un 2x1. Cuando los dos grupos de compañeras que expusieron este tema, tanto el de Mª Carmen, Belén y Ana como el de Conso, Úrsula y Luisa, se me vino a la cabeza la película “Planta Cuarta” de Antonio Mercero (2003) en la que se cuenta la historia de un grupo de chavales, que se hacen llamar “los pelones”, y sus aventuras en el hospital en el que están ingresados por tener cáncer relacionado con las extremidades inferiores.


Adolescentes afectados por una enfermedad que pasan su tiempo libre haciendo travesuras por el hospital: carreras de sillas de ruedas por todo el centro, concursos de hacer reír a recién nacidos o sesiones fotográficas de rayos X, son las actividades que realizan para ocupar su tiempo libre, intercaladas con sus sesiones de rehabilitación, baños de sol y entrenamientos de baloncesto, y todo esto por su cuenta, sin nadie que haga por satisfacer sus necesidades educativas o emocionales, más allá del chico de mantenimiento que les invita a sus improvisados conciertos de “beatboxing”.

De todas formas, tampoco parece que estén muy desatendidos en lo emocional ya que han creado entre sí unos lazos de amistad y de apoyo tan fuertes que son como una familia, pero no les habría venido mal algo como de lo que nos hablaron en estas exposiciones y me refiero, a las aulas hospitalarias, pero, ¿qué son las aulas hospitalarias?


Un aula hospitalaria es un establecimiento educacional que ofrecen educación compensatoria a escolares hospitalizados o en tratamiento ambulatorio, de cualquier nivel educacional, tanto de educación regular como especial. El objetivo de estas escuelas es compensar la desigualdad educativa que se da en niños enfermos debido a sus periodos de tratamiento u hospitalización.

Pese a que su objetivo sea cubrir la descompensación educativa que puedan tener con respecto otros niños, por el hecho de estar hospitalizados, García Pastor (1993) plantea además que es “una escuela cuyas posibilidades no están cerradas, donde sus necesidades se reconocen como cambiantes, y que entienden como cotidiano el reajuste constante que supone responder a estas necesidades. Es una escuela que integra necesidades, no niños”. Por tanto, no hablamos solo de necesidades educativas, como perfectamente plantearon nuestras compañeras en las dos exposiciones sobre este tema y que afinaban más en los objetivos de este tipo de escuelas:
  • Evitar desfases escolares
  • Favorecer la integración socioafectiva del niño
  • Estimular la asistencia
  • Evitar el aislamiento
Los dos grupos nos plantearon unas características formadoras del perfil este tipo de aulas, siendo principalmente:
  • Acogen a niños entre 3 y 16 años
  • Están dentro del centro hospitalario
  • Es un espacio abierto y flexible
  • Atienden a las necesidades de los niños hospitalizados
  • La asistencia es libre y voluntaria
Y, ¿qué se hace exactamente aquí? Pues para dar respuesta a los objetivos planteados anteriormente, se llevan una serie de actividades escolares, plásticas, lúdicas y de ocio, así como otro tipo de actividades complementarias, que ocupen el tiempo de estos chicos hospitalizados, haciéndoles más llevadera su situación. Dependiendo de las caracterísitcas especiales de la problemática del niño o la niña en particular, los profesionales que trabajan en este tipo de contextos deben desplazarse hasta las habitaciones de éstos y retomar las actividades allí. Todos tenemos la imágen del típico payaso que se cuela en la habitación del niño para intentar arrancarle una sonrisa que le ayude a pasar el tiempo. Nuevamente, este ejemplo me translada al febrero gaditano:


Cumpleaños Infeliz S.A.: Payasos a Domicilio - Jose Antonio Vera Luque (COAC 2005)

De toda su experiencia, los dos grupos sacaron como principales conclusiones que este tipo de aulas surgen po rlas necesidades de dar continuidad al proceso educativo de los niños en los hospitales. Su fin primero era que los chavales no se quedasen descolgados de sus compañeros por haber tenido un problema de salud. Este dato es importante ya que el resto de necesidades se obviaron en un principio y de ahí puede venir la razón de por qué los profesionales que trabajan aquí tienen un determinado perfil y no otro.
Las aulas se ven muy limitadas en cuanto a recursos y espacios aunque la coordinación entre los profesionales que trabajan con los niños y la familia es muy buena y fluida.


Por último, la idea que se repite siempre en todas las exposicones: la ausencia de la figura del educador social en este tipo de aulas y desde mi punto de vista, es un terreno en el que tenemos poco que hacer, al menos si no cambia la perspectiva desde la que se mira este tipo de espacios. Está claro que un educador social no puede, ni debe, ponerse a dar lecciones de conocimiento del medio o matemáticas a estos niños, sobre todo a los que están en edad de cursos de educación secundaria, por lo que reivindicar la figura del educador social en este tipo de contexto no puede ser vista como única figura profesional, porque, aunque está claro que los niños y niñas hospitalizados tienen otros tipos de necesidades más allá de las académicas, el fin primero de las aulas hospitalarias es principalmente el formativo, en la mayoría de los casos.


El educador social, debe ser un complemento a este tipo de prácticas, encargándose de ser un enlaze entre las familias, los niños y los profesionales, de su comunicación, de ocupar el tiempo libre de los chavales evitando el aislamiento e intentando crear una pequeña conciencia de grupo, no muy duradera por el carácter dinámico de este tipo de aulas en cuanto a sus alumnos, pero emulando a la que se forma en una clase formal con el paso del tiempo, de manera natural. Cubriendo sus necesidades afectivas, fomentando sus habilidades sociales y en definitiva, mejorando su bienestar el tiempo que estén hospitalizados, sobre todo, en casos más graves como los de los chavales de la película que comentábamos anteriormente o las chicas (y, cada vez más, chicos) que ingresan en plantas de psiquiatría con transtornos de conducta alimenticia, como Gloria en esta historia.

Ya hemos comentado que no podemos entrar por la fuerza, pegando patadas en las puertas en muchos ámbitos que están llenos de buenos profesionales con la excusa de que nosotros estamos formados y tenemos más competencias que los otros por nuestro perfil laboral, por lo que la única salida es el trabajo interdisciplinar, el trabajo en red en el que los profesionales colaboren por satisfacer de manera más óptima todas las necesidades que el usuario presente sea cual sea el ámbito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario