Pensábamos que expondríamos los primeros, un grupo típico, al que tenemos acostumbrados a la gente, porque compartimos el rol de compañeros y amigos, aunque cuando llegamos al aula los compañeros del otro grupo estaban preparándose así que ni tan mal, a robarles tácticas e ideas, aunque nosotros llevabamos ya las nuestras bien preparadas.
El peso gordo de la exposición recayó en Ana Díaz y en mí, más sueltos en el escenario, ella la parte más teórica, yo la parte más práctica, dejando a Clara un espacio para que expusiera las conclusiones del grupo.
Pero bueno, la teoría de la exposición ya la colgaremos y todos sabemos de lo que hablamos y lo que no, de cómo lo hablamos y de cómo no, por lo que creo que más que volver a tocar el tema del autismo en las aulas educativas, creo que debería explicar cómo nos sentimos y como no puedo hablar por mis compañeras (aunque podría contar lo que expresaron), me corrijo y digo de cómo me sentí.
Como he dicho antes, no suelo ponerme nervioso ante un público, desde nunca. Siempre se me ha dado bien comunicarme con la gente, explicar algo delante de un público, sean 5 de mis primos pequeños o 20 compañeros y creo que es porque durante el tiempo que paso encima de la tarima hablando, sobre todo si es algo que domino relativamente, me evado del mundo y no atiendo a estímulos que puedan distraerme.
Y eso que me asusta perder el control y que algo se me vaya de las manos pero mis compañeros, en su mayoría me facilitaron a mí personalmente y al grupo en general, esa labor.
Ni en la ronda de preguntas, donde incluso tuvimos que sacar el capote, me sentí desbordado en ningún momento, quizá porque no le doy mayor importancia de la que tiene, pese a que piense que la dinámica que se tomó en algunos fuera bastante negativa, tanto para el grupo como para el resto de los presentes.
Y es que en general, salí muy contento con nuestra exposición, con la aportación de todos los miembros del grupo porque al final hasta me reí muchísimo con el Pasapalabra.
Pero, ¿cómo se formó todo esto? ¿Qué dificultades encontramos, si es que fue así?
En un principio queríamos haber trabajado con personas con Síndrome de Down en el ámbito laboral, pero como otro grupo también le apetecía cambiamos hacia este otro ámbito. Así que como buenos investigadores, decidimos bucear en la bibliografía y centrarnos en el ámbito educativo escolar ya que era al que teníamos más acceso gracias a Clara y a los contactos que aún guardo en mi IES en Córdoba. Llegó a ser demasiada lectura y poca práctica, tanto que a un mes de la exposición teníamos todos los apartados teóricos del trabajo y solamente una visita para ver las instalaciones y estar con los chavales en el IES Blas Infante, para fundamentar nuestra intervención teórica. Queríamos visitar otro centro en Sevilla pero tuvimos muchos problemas para quedar: viajes, algún problema familiar, otros trabajos y alguna cosilla más, hicieron que volvieramos a entrevistar en profundidad al coordinador del Blas Infante, donde, como siempre nos trataron genial. Todo fueron facilidades y aún diciendolo que la presentación sería una semana después nos volvieron a invitar por si se nos había quedado algo en el tintero. Siempre agradecido a mis antiguos profesores a los que tanto les estoy dando la brasa en mis tiempos universitarios...
Tras esto, el resto estaba hecho y los únicos problemas que tuvimos fueron con las conclusiones. Nos costó muchísimo plasmarlas en papel, no sé por qué. Teníamos las ideas, incluso fuimos a tutoría con Jose, e incluso le avasallamos con varios mails, para que nos aclarara algunas cosillas sobre el papel del Educador Social en este ámbito que, de momento al menos, tiene mucho camino por recorrer.
Y poco más. Son muchas las sensaciones positivas que me llevo de esta experiencia. Me ha acercado a una realidad social directamente que he podido ver y tocar. He aprendido muchísimo sobre este colectivo, sus problemas, sus necesidades, la forma de actuar con ellos. Mucho positivo, infinito más que lo negativo.
Creo que ya se que figura quiero ser. El círculo, elijo el círculo porque es la única que tiene infinitos lados. De color... Creo que escogeré el azul del logo del FIB y puede que le ponga alguna rayita roja, aunque quede algo culé.
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