miércoles, 5 de mayo de 2010

Misión improbable

“ Las penas privativas de libertad están orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado que estuviera cumpliendo pena de prisión disfrutará de los derechos fundamentales de este capítulo, excepto aquellos que se encuentren limitados por el contenido de la sentencia condenatoria, por el sentido de la pena y por la ley penitenciaria. En cualquier caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado, a los beneficios correspondientes a de la Seguridad Social, y al acceso a la cultura y al desarrollo integral de la personalidad”.
art. 25.2, Constitución Española.


“Las instituciones penitenciarias (...) tienen como finalidad primordial la reeducación y la reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales privativas de libertad, como también la retención y la custodia de los detenidos, presos y penados. Igualmente tienen a su cargo una tarea asistencial y de ayuda para internos y liberados”
art. 1, Ley Orgánica General Penitenciaria 1/1979


”(...) el tratamiento penitenciario consiste en el conjunto de actividades directamente dirigidas a conseguir la reeducación y la reinserción social de los penados. Con el tratamiento se pretende hacer del interno una persona con la intención y la capacidad de vivir respetando la ley penal y de atender sus necesidades. Con esta finalidad se ha de procurar en la medida de lo posible, que desarrollen una actitud de respeto hacia ellos mismos y de responsabilidad individual y social respeto a la familia y a la sociedad en general”
art. 59, Ley Orgánica General Penitenciaria 1/1979



Con esto quiero dar comienzo a mi segunda entrada del cuatrimestre. La primera desde que sabemos que no terminaremos el curso con Almudena y de la que tanto me he acordado ayer y hoy. Ayer porque expusimos y cuando valore a mi querido grupo, se entenderá. Hoy porque me habría encantado ver la cara que pone con el jaleo que se organizaba de vez en cuando y nos recordara aquel mitico seminario que todos recordaremos...
Dicho esto, comencemos pues que ya va siendo hora de tomárselo en serio aunque a algunos no se lo parezca por la forma en la que lo voy a contar:

Érase una vez, una chica. Valiente nos han contado por intentar algo que, si no imposible, parecía muy complicado. Esta chica, Silvia, llegaba un día a una nueva clase, a una optativa, me imagino que expectante, como todos ante lo nuevo. Iba a estar dirigida por la siempre risueña Esther (hasta cuando riñe) y le comenta que para superarla va a tener una dura misión: definir las funciones de los educadores sociales en un determinado ámbito de la realidad social. La mayoría de la gente en su situación elige el camino de baldosas amarillas, el camino corto hacia la Ciudad Escarlata, pero lo único que eligió fácil fue el lugar, Alhaurín, donde vivía desde hace 5 años.

- ¿Segura que quieres seguir con esto? - Le preguntaba algo incrédula Esther - Mira que no va a ser fácil.
- Esther, necesito quitarme la espinita que tengo dentro, la de aquella vez que a puntito de trabajar con estas personas me vi desbordada. - Le contestaba Silvia, lo más segura que podía parecer.
- ¡Pues vamos a intentarlo entonces!

Así que, ni corta ni perezosa, nuestra protagonista inició su particular misión imposible. Como Ethan Hunt en la mítica película, se armó de todas las herramientas y cachivaches que disponía (sus capacidades como Educadora Social) para colarse y descubrir los entresijos del papel que desempeñaban los educadores sociales en el centro penitenciario de su localidad. El principal, su teléfono móvil. Gastó incontables minutos intentándo conseguir que la atendieran, que le dieran una cita para que le explicasen y en uno de esos minutos de oro... ¡La consiguió! Acordó quedar con un coordinador del centro al que debía de hacer una perdida el día indicado para que saliese a recogerla y entrar juntos.

Todo parecía ir sobre ruedas. ¿Misión imposible? Ni si quiera misión improbable parecía cuando se levantó esa mañana y se presentó en el centro penitenciario de Alhaurín de la Torre... Hasta que sacó su teléfono y... ¡No había cobertura! "No pasa nada" - pensó Silvia. "Sólo tengo que moverme un poco joder." Pero por más que se movía, la pequeña rayita que le hacía falta no aparecía, así que decidio sacar un gadget de su bolsillo, uno necesario para cualquier Educador Social: la paciencia. Y de ella hizo uso hasta que... ¡Cobertura!

Corriendo llamó y le dijeron que pasase y que buscase a una mujer. ¡Toma! Todo había terminado. Pero no era así. Cuando entro, la mujer no estaba por ningún lado y cuando estaba ya a desesperar, ¡por fín apareció! La guiaron hasta el coordinador con el que tuvo que usar sus herramientas de captación de símbolos orales (vamos, su cuadreno y su bolígrafo) para realizar una entrevista de dos horas y media a la que no sabía como dar fin porque el señor estaba yéndose por las ramas pero finalmente, consiguió volver a casa, aunque no sin una preocupación, no sin estar contenta del todo. Tras este largo tiempo, no le había quedado muy claro qué hacían los Educadores Sociales y de nuevo comenzó otra complicada tarea: localizar directamente a uno de ese centro. Cuando finalmente contactó con él, trabajaron una entrevista de unos 45 minutos que completó todo lo que necesitaba saber. Contentísima con el gran trabajo que había conseguido elaborar.

Un día, tras casi un año, su teléfono suena.
- ¿Silvia? - Preguntaba una voz familiar - Soy Esther, tu profe del año pasado. Me gustaría proponerte que contaras tu aventura del año anterior a un grupito de gente. No serán muchos y les serías de gran ayuda.
Y aquí estaba ella, contándo su hazaña al doble de gente de la que le había dicho y como toda una profesional. Como resumen, nos dejó el fruto de su misión, las conclusiónes de su informe:

"El centro penitenciario de Alhaurín de la Torre cuenta con un número total de 2.082 internos de los cuales 121 son mujeres. En él trabajan 11 Trabajadores Sociales (10 + 1 coordinador ) , uno por módulo y 16 Educadores Sociales, a los que les corresponde una ratio de unos 140 internos aproximadamente. Ambos profesionales han accedido a su puesto mediante oposición, los Trabajadores Sociales mediante una específica y los Educadores Sociales, mediante una común a otros titulados.

Estos y otros profesionales se encargan de una serie de entrevistas que tienen lugar durante la mayoría del recorrido que el interno hace al entrar en prisión:
-Entrevista con el médico y con el psicólogo, separadamente para detectar posibles patologías psicoclínicas.
-Con el educador social, que se encarga de asignarle uno de los módulos.
-Con el trabajador social, con el que rellenan la ficha social.

Además, estos profesionales de lo social tienen una serie de competencias dentro del centro:

-Trabajador social: entrevistas, tramitación de gestiones, orientación, trabajos burocráticos, facilitación de información, atención de internos y contacto con familias (no contacto directo, sino a través de una instancia).
-Educador Social: Entrevistas, observación y contacto directo con internos, orientación, dinamización, clasificación.

A la hora de plantear su intervención en el centro penitenciario, cada profesional encuentra una serie de problemas:

-Trabajador Social: ratio trabajador social/internos (porque atienden a más internos de los que deberían), falta de espacios, Trabajo en Beneficio de la Comunidad, Desconocimiento interno.

-Educador social (ahora mismo los que existen dentro de las prisiones están contratados como funcionarios, han realizado una especialización en Madrid de 4 meses y con eso pueden entrar. Algunos de los educadores que allí dentro hay son historiadores, pedagogos,…): falta de motivación que tienen los internos (las actividades que se dan dentro no atienden a las necesidades reales que ellos tienen), número de internos por educador social, inestabilidad de los grupos (por ser una prisión preventiva), Bajo nivel cultural y educativo, carencia de medios y espacios, reeducación y reinserción ficticios (60-70% de reincidencia en los internos). No trabajo con las familias ni el entorno. Pobreza, reincidencia, generaciones enteras."

Para terminar, mezclando sus conclusiones con las mías propias vemos nuevamente como nuestra profesión, en mi caso la mitad de mi profesión futura, queda devaluada de nuevo. De nuevo parece que cualquiera puede hacer nuestro trabajo. Pero paciencia, no queremos entrar en determinados ámbitos "nuevos" para los Educadores Sociales cuchillo en boca cual pirata de la banda del Capitán Garfio. Es solo un "¡vamos a movernos!", "¡vamos a visibilizarnos"!, "¡vamos a enseñarle a todos que somos necesarios!" Porque, como dice Esther, es verdad que todo el mundo parece saber de lo social...
Me gustaría señalar que pese a la impresión que creo que ella se haya podido llevar, de que en cierto modo lo tenemos chungo cuando termine el curso que viene, el mensaje que yo he captado con la historia de Silvia es diferente. Esforzándote puedes lograr muchas cosas y es que, el cuento parece que no tiene final feliz. ¡Vaya cosa, vaya premio ir a contar tu historia a una pandilla de gente que encima en algunos momentos parece que ni escuchan! Pero lo que no hemos contado es que comió perdices, porque, gracias a su tesón, entró un día en Alhaurín, donde ya la conocían y comentó: "¡Oigan! Que estoy aquí, con ganas de trabajar con esta gente y con vosotros." Y, ¿sabeis qué? Que coló. Ese fue el verdadero premio a su tenacidad.

La sesión de hoy me ha abierto a un colectivo bastante desconocido, un nuevo campo de actuación por explotar por los Educadores Sociales y al que llegaremos, con el tiempo y luchando lo suficiente, pero, además, nos ha puesto en la piel de una compañera, una estudiante como nosotros. Hemos escuchado sus vivencias, sus sentimientos ante estas situaciones de una manera tan natural que ha conectado casi desde el primer momento haciéndonos sentirnos interesados por lo que contaba, como buena prueba han sido las numerosas interrupciones, pero para preguntarle cosas, de las que incluso se sacó una promesa por parte de Esther de traernos a un colegiado Educador Social el próximo año para que curioseemos con él, de la que yo no podré disfrutar...

Otra vez, como casi siempre, esta asignatura me sorprende y atrae mi atención.
Un gran acierto.



Jose Manuel Gómez y Emilio Rosado - Los hijos secretos de Lola Flores (1993)

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